
Pero el carácter no sólo se refiere a las personas; también las colectividades poseen fines que les dan sentido a su existencia. Por eso, hablar de ética empresarial, o más específicamente de la ética en la organización empresarial, es hablar de la forja de un carácter «ethos» y de una predisposición colectiva para que sus miembros no sólo vivan éticamente su cotidianidad, sino que además quieran hacerlo, atraídas por un ideal de justicia y confianza que les aleje de la sumisión consentida y agasajada, para convertirse en ciudadanos activos y plenos de significado.
El destino de las organizaciones, al igual que el destino del hombre, está fuertemente condicionado por el carácter que se haya forjado. Por ello, el tema ético está llamado a trascender cualquier episodio histórico y contextual, para ubicarse en el centro mismo de la historia aún no escrita de la humanidad.