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Educación y valores para la nueva sociedad


¿Qué necesitamos conocer?... ¿Cómo construir el aprendizaje?... ¿Bajo cuáles premisas debemos educar y ser educados? Estas preguntas para las cuales no existen respuestas unívocas advierten sobre la enorme complejidad social en la que estamos sumidos; una sociedad que se debate entre la profanación de valores indispensables y la apología de una cultura en la que todo vale y en la que se incluyen los más aberrantes atentados contra la propia naturaleza humana.
Se está produciendo una enorme mutación cultural cuya génesis es multi-causal y por lo tanto difícil de aventurar, incluso pudiera pensarse que desconocemos cuál es el modelo de sociedad que deseamos. Entre la tolerancia y la permisividad surge la anarquía, y con ella la recóndita complicidad de quienes han perdido sus sueños e ilusiones, y con angustiante resignación confinan al ámbito de la poética la aspiración de una sociedad cuyos miembros tiendan a la vida buena, con y para los otros, en instituciones justas, tal como en una oportunidad lo mencionase el filósofo francés Paul Ricoeur.
La educación es el crisol en el que se funden viejos y nuevos valores con los que se dibuja la silueta de la sociedad contemporánea. Educar es un acto de fe y como tal, no se limita a la simple y oportunista transmisión de conocimientos que en muchos casos carecen de significado, sino también –y principalmente– a fraguar ciudadanos libres y responsables, forjadores del camino que habrán de transitar las próximas generaciones.
La sociedad clama por encontrar vías de aproximación que le permitan enfrentar sus actuales desafíos. Este es el propósito del simposio “Educación y valores para la nueva sociedad” que se realizará el próximo sábado 16 de octubre en la ciudad de San Felipe (Edo. Yaracuy) y en el que se abordarán temas como: la responsabilidad social universitaria; convivencia y cultura de paz; sociología de las organizaciones; empresa y humanismo; comunicación, poder y conflicto; ética y postmodernidad; ambiente, sostenibilidad y desarrollo; gestión del conocimiento; liderazgo educativo e inteligencia emocional.
Para conocer más sobre este evento organizado por el Centro de Investigación y Estudios Gerenciales, le invito a visitar la página: www.grupocieg.org o enviando un mensaje de correo electrónico a la dirección: eventos@grupocieg.org

Razonamiento ético y pluralismo moral: una aproximación a la postmodernidad organizacional (tesis doctoral)


El status ontológico de las organizaciones ha sido ampliamente debatido en círculos filosóficos y sociales, pero aun no se ha encontrado una alineación práctica entre requerimientos colectivos e intereses individuales, ya que históricamente, bajo formas de dominación que enfatizaban la utilidad y el poder, los distintos modelos organizacionales han supeditado el desarrollo individual al bienestar colectivo.

Las dificultades para tal alineación parecen sustentarse en la persistencia de un estilo de pensamiento subordinado a ciertos fines, pero con los que también se ha abandonado la búsqueda de los fines del hombre, conduciéndole al gradual desmoronamiento de sus valores fundamentales, lo que ameritó explorar la estructura del sistema moral que rige en las organizaciones para fundamentar la posibilidad de alcanzar cierta unidad de razonamiento ético como medio de aproximación a un futuro que, aun colmado de discrepancias y sin ser representativo de valores culturales totalmente compartidos, permita la confluencia de principios mínimos de convivencia basados en la racionalidad y el respeto.

Aplicando el método hermenéutico-dialéctico, en la investigación participaron quince directivos de organizaciones educativas y productoras de bienes y servicios, tanto públicas como privadas, revelándose que el sometimiento a la tradición constituye el soporte de la coherencia personal y de la cohesión social, el poder fue interpretado como capacidad de relacionamientos mas no como capacidad de dominación y en ningún caso las formas de autorrealización fueron opuestas a las exigencias sociales, pero están afectadas por fuerzas normativas y coercitivas que dominan en sus respectivos espacios contextuales.

La investigación revela que en el marco de pensamiento postmoderno, los fundamentos éticos de las decisiones en los contextos organizacionales, sólo encuentran sustento en el respeto a la diversidad moral y derivan de la comprensión, interpretación y legitimación de múltiples realidades convergentes en un mismo espacio social, por lo que se requiere un proceso continuo de conexión de saberes e identidades, a partir de la socialización de los actores morales y en función de las capacidades de relacionamientos que se exhiban.


Construir ciudadanía: una cuestión de confianza


Nuestra época es una época light en la que poco o ningún espacio se guarda para la reflexión. Hemos dejado de buscar la “vida buena” en los términos planteados por Paul Ricoeur, para contentarnos con pequeñas ganancias marginales, exiguos retazos de justicia, minúsculas verdades y ocasionales trozos de felicidad que sin trascendencia alguna constituyen la aspirina moral de la que disponemos para sentirnos bien.

La vorágine contemporánea está suplantando la abstracción por la practicidad de lo inmediato, pues lo que interesa es el beneficio que se pueda percibir del aquí y el ahora; de ese modo observamos la tendencia a la devaluación de la moral, la política, el derecho y la religión. Sin embargo y a pesar de percibirse cierta sensación de que vivimos en una sociedad en la que nada importa y todo vale, hay signos evidentes de una denotada resistencia a renunciar al valor de la autonomía, al tiempo que se profundiza en la necesidad de entendimiento.

La sociedad es modesta en sus exigencias de autonomía y entendimiento, pero tal como lo aclara Adela Cortina, la humanidad en su conjunto se encuentra interpelada por múltiples desafíos para los que no cabe más recurso que una común respuesta, responsable y solidaria; mientras tanto, las preguntas por la rectitud de la justicia, la legitimidad del poder y la honestidad de las intenciones aun no encuentran respuestas.

Esa ausencia de respuestas necesarias para recobrar el sentido de vida al tiempo que se huye de la reflexión para encontrarlas, representa la singularidad de la sociedad contemporánea; una sociedad carente de confianza aunque también necesitada de concordia, en la que sus instituciones y ciudadanos requieren acortar la distancia entre el discurso y la acción.

Jamás podrá existir ciudadanía sin confianza, por lo que su construcción nos remite a una arquitectura cultural sustentada en la naturaleza plural de todo grupo social, que desdibuja el concepto del ciudadano como un sujeto estático y homogéneo, sumiso a una tradición y disciplinado ante el poder coercitivo del aparato público. Más que fundamentada en argumentos ajenos o en declaraciones normativas, la ciudadanía debe asentarse en una razón humana y cordial, apuntalada sobre una nueva forma de reflexionar acerca de nuestros propios problemas y siempre en el marco de una sociedad plural.

El ciudadano se siente como tal cuando hace uso de los derechos propios de su condición, siendo quizás su primer derecho el de vincularse con el resto de personas que conforman su escenario social, recurriendo para ello a los códigos morales, el lenguaje y cualquier otra forma de comunicación de la que disponga; por lo tanto, más que derechos reconocidos por el Estado, la ciudadanía implica autonomía y entendimiento, siendo éstas dos variables las que le otorgan el sentido de pertenencia social.

La ciudadanía honesta y responsable se construye sobre la base de la confianza recíproca, tornándose imprescindible comprender los vínculos capaces de convertir al conjunto social en una comunidad basada en el respeto, la solidaridad, la justicia y la inclusión.

Somos los propios ciudadanos los que debemos encontrar las respuestas necesarias para la construcción de ciudadanía, la cual no implica el rescate a ultranza de valores horadados por el paso del tiempo, sino más bien la consolidación de la confianza entre individuos diferentes; para ello, la mejor forma de hacerlo es apelando a la dignidad de las personas mediante el diálogo en su carácter de mecanismo idóneo para la vinculación de saberes y la conexión de emociones, a su vez cimientos de la convivencia pacífica y del progreso moral de los pueblos.

La ética en el pensamiento de Paul Ricoeur

Nacido en Valence (Sureste de Francia) en 1.913, el filósofo y antropólogo Paul Ricoeur fue uno de los más talentosos exponentes de la tradición humanística europea y precursor de la corriente interpretativa de principios de la década de los 70. Entendiendo la libertad como la capacidad de iniciar procesos nuevos en el mundo, Ricoeur define la ética como la aventura de la libertad a lo largo de una vida, postulando sus fundamentos a partir de los propios elementos constitutivos del hombre, es decir, el deseo de ser y el esfuerzo por existir

Define la aspiración ética en términos de “tender a la vida buena, con y para los otros, en instituciones justas” dejando entrever su preocupación por el yo, por el otro y por la sociedad. Aquí se encuentran los elementos integrativos de su ética, en la que se evidencia su clara alusión Aristotélica (cuando se refiere a los fines del hombre) así como su conformidad Kantiana (en cuanto a la universalidad de la norma), pero añade un tercer elemento: el de la sabiduría práctica, defendiendo así la primacía de la ética sobre la moral, cuyos principios según dice, se encuentran inevitablemente confrontados en la complejidad de la vida. Es en este episodio de su reflexión filosófica, en el que Ricoeur conjuga su marco de pensamiento ético a través de la “estima de sí”, la “solicitud por el otro” y el “sentido de justicia”

En un primer momento, argumenta que lo estimable en el "sí mismo" es: [1] la capacidad de actuar intencionalmente eligiendo mediante razones, y [2] la potestad de introducir cambios en el curso de la vida, materializando la capacidad de iniciativa. Si bien estos fundamentos de la estima de sí comportan el peligro de replegarse sobre el propio yo para tender a la vida buena (vivir bien), Ricoeur alude al desconocimiento de las exigencias sociales como circunstancia ajena al concepto de autoestima, suponiendo una relación de reciprocidad sustentada en la amistad y el respeto, a través de las cuales las personas se reconocen como insustituibles en el intercambio mismo. A este componente del saber práctico, Ricoeur lo denomina “solicitud”, enfatizando que nunca se podrá hablar de la estima de sí mismo sin que lleve aparejado un pedido de reconocimiento. De este modo, al considerar la autoestima como elemento originario de la pretensión de vivir bien, el hombre estaría moralmente obligado a: [1] reconocerse en el otro, y [2] reestablecer la igualdad donde no esté dada, siendo aquí conde adquieren relevancia los conceptos de solidaridad y justicia, mediante los cuales intenta compensar el desequilibrio en las relaciones de poder entre las instituciones y las personas, confiriéndole una connotación ética a las interacciones humanas como vía de entendimiento a partir de las diferencias, dando a entender que: [1] el vivir bien no se circunscribe solamente a las relaciones interpersonales, sino que se extiende a la vida de las instituciones, y [2] el concepto de justicia comporta exigencias de igualdad y solidaridad.

Calificado como una especie de Quijote intempestivo presto a defender con todas sus fuerzas el papel activo de la subjetividad frente a corrientes que propugnaban el entierro de lo humano, Ricoeur falleció en Francia en el año 2.005; pero por su férrea oposición a cualquier tipo de totalitarismo, por la amplitud y profundidad de su pensamiento hecho público en más de 20 obras, y por su demostrada voluntad de integrar tradiciones y escuelas aparentemente inconmensurables, sigue siendo reconocido como "el hombre de todos los diálogos" y junto con Gadamer y Vattimo, como uno de los máximos exponentes de la ontología hermenéutica y de la orientación lingüística y dialógica de la filosofía contemporánea.

Ver también:
La ética en el pensamiento de Jürgen Habermas
La ética en el pensamiento de Gianni Vattimo
La ética en el pensamiento de Edgar Morin